(Sábado, 21 de junio de 1980)
Macarra de ceñido pantalón, / pandillero tatuado y suburbial,/ hijo de la derrota y el alcohol,/ sobrino del dolor,/ primo hermano de la necesidad.
(¡Qué demasiao!, Joaquín Sabina)
A finales de los años setenta, la delincuencia callejera se convirtió en uno de los problemas más importantes de las grandes ciudades. Delincuentes como el Jaro, el Vaquilla o el Torete se hicieron famosos, dando lugar al llamado cine quinqui y a canciones que comprendían y compendiaban su modo de vida. Aquellos chavales eran elevados a la categoría de héroes y las canciones de Los Chichos o Los Chunguitos eran escuchadas y cantadas en los barrios marginales como himnos que reivindicaban su forma de vida.
